Carlota Oliver

De paciencia y presencia

Crianza / 17-12-18

¡Hola!
¿Cómo estás?

Hoy os quiero hablar de la paciencia, algo tan elemental y tan poco querido en la sociedad de hoy donde abunda la inmediatez.

Cuando te conviertes en padre nadie te dice que necesitarás paciencia a mares para poder sobrevivir sin perderte por el camino.

Llevo una semana con los dos niños enfermos en casa. Sí, 24/7 los tres juntos non stop día y noche.  Obviamente he llegado a mi límite. Es increíble lo que los hijos te enseñan de ti mismo. Si te paras a mirar te están poniendo en bandeja tooodo lo que tienes que trabajar, superar, mejorar…

En estos días me he dado cuenta de la poca paciencia que tenemos los adultos en general. Lo queremos todo ya, al momento, y con los hijos la cosa se complica. Nos cuesta respetar sus ritmos, que tarden horas en comer, en dormirse o en aprender aquello que le venimos diciendo mil veces… queremos que sean como nosotros queremos que sean, que obedezcan, que duerman cuando nosotros queremos, que coman cuando y lo que nosotros queremos y que jueguen solos hasta que nosotros estemos disponibles. Pues no. Ellos han venido para ponernos todos nuestros esquemas, nuestra exigencia y nuestros planes patas arriba. Y si sabemos aprovecharlo, les estaremos eternamente agradecidos. Nos cuestionan, acaban con nuestra paciencia y nos tocan nuestro ego  haciéndonos de espejo y diciéndonos aquello que tenemos que resolver y mirar. Nos despiertan una serie de emociones que son una oportunidad para crecer como padres y como personas.

A todo esto quiero hacer una reflexión sobre como nos relacionamos con nuestros hijos, me doy cuenta que muchas veces estoy sin estar, es decir, estoy en cuerpo pero mi cabeza está en la lista que tengo de cosas pendientes, en mi nuevo proyecto o en lo que hace falta comprar en el súper. Cosas tan importantes y tan básicas como la presencia son las que marcaran la diferencia en nuestra relación con ellos. Ellos lo notan todo, cuando estamos y cuando no estamos, cuando les respetamos y cuando no lo hacemos, así como cuando les decimos esto no se hace y nosotros predicamos precisamente lo contrario, generándoles dudas y desconfianza.

Me gusta pensar que el respeto es cosa de dos, ellos nos respetaran si nosotros los respetamos, aunque no lo veamos así de causal a primeras, si construimos una relación basada en el amor y en el respeto, ellos nos lo devolverán de la misma forma. Esto significa, dejar que nuestros hijos sean como son, no exigirles ni determinarles como deben ser ni actuar, y con esto no hablo de no poner límites, hablo de escucharles más, de observarles más, de dejarles hacer más, de mirarles sin juzgarles.

Recordad que para escuchar hay que aprender a callar. Parar un momento y observad la cantidad de veces que hablamos y decimos cosas sin escuchar al otro, a nuestros hijos pero también a nuestros amigos, pareja, familia,.. Resulta increíble lo poco que escuchamos en general, y con la escucha aparece el silencio. ¿Qué nos pasa con el silencio? Vivimos en un ruido constante y nos incomoda cuando todo se calla, y por ende actuamos igual con nuestros hijos, generando ruido y acciones a manta a su alrededor; haz esto, escucha, y si jugamos a esto… sobre-estimulándole sin dejarle ser y desarrollarse a su ritmo.

En definitiva, debemos aprender a mirar, a escuchar y a estar presentes. En general con todo lo que hacemos en la vida y en especial con nuestros hijos, a quién vamos a acompañar unos cuantos años por esta vida. Y si lo hacemos bien, con los años, ocuparemos un lugar de respeto y sabiduría donde volverán de vez en cuando a coger fuerzas y a consultarnos en momentos de incertidumbre. Y poco más. O esto es lo que me gusta pensar a mi.

Dicho esto me despido deseándoos a todos mucho amor para estas fechas en las que el amor y nada más debería ser el gran protagonista. En casa este año empezamos a disfrutarlo muchísimo, el peque tiene ya 2 años y medio y está muy ilusionado con toda esta magia.

Hablando de magia, os dejo con una sabia frase del maestro de la psicomagia, el chileno Alejandro Jodorowsky, que me resuena mucho últimamente.

“Lo que das te lo das, lo que no das te lo quitas”

 

Un fuerte abrazo,

 

Carlota Oliver


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